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El suelo hidráulico estuvo de moda hasta los años 70. En los últimos años ha vuelto con un estilo renovado para introducirse en cada rincón de nuestros hogares.

Originalmente, la baldosa hidráulica está compuesta por una base de cemento, pigmento y marmolina, acabada con un prensado hidráulico. Es un material muy resistente lo cual lo hace idóneo para utilizar tanto en interiores, como en exteriores.

Actualmente podemos encontrar otros materiales como la cerámica, el gres, el suelo vinílico e incluso laminados y maderas con estos motivos. Técnicas que ayudan a abaratar su coste en muchos casos, y son más fáciles de mantener y limpiar.

En su uso en viviendas, baños y cocinas son las estancias para su uso por excelencia, aunque podemos combinarlos con otros revestimientos, creando piezas únicas, por ejemplo a modo de alfombra, que nos ayuda a delimitar espacios, como puede ser la zona de comedor en la salsa de estar, o una cocina abierta.

Su uso también se extiende a paredes, y en el caso de exteriores a fachadas y jardines.

En locales comerciales también es muy común su uso en estos últimos años. Panaderías, bares y restaurantes, entre otros, lo utilizan para crear una imagen más tradicional.

Hay un amplio abanico en cuanto a motivos y colores de refiere. Des de colores vivos, hasta el socorrido blanco y negro. Lo importante es combinarlo con el resto de elementos decorativos, como son paredes, carpintería y mobiliario, en colores neutros y lisos para no saturar y darle el protagonismo que requiere.